Con una estrategia previamente delineada y ejecutada con movimientos bien sincronizados, tres mujeres y un hombre discapacitado (le falta una pierna) y con muletas, engañaron a dos empleadas de un local de ropa de mujer de 49 entre 8 y 9. Sin que lo advirtieran, dos de las ladronas sustrajeron un par de camperas que en total cuestan 6.000 pesos.
Según comentó ayer a este diario la encargada de ese comercio, Magalí (19), “esto pasó el martes entre las 6 y las 7 de la tarde. Primero entró una chica joven, con una tonada colombiana y de trato agradable. Después, como si no se conocieran entre ellos, fueron ingresando otras dos mujeres y un hombre al que le faltaba una pierna y usaba muletas”.
Después, se dividieron los roles. Mientras la primera joven y el hombre preguntaron por separado por zapatillas y pidieron que se las mostrara, el supuesto cliente “se paró delante de la caja registradora, tapándome la visión”, comentó la empleada.
Al mismo tiempo, la joven hizo que una compañera que la atendió subiera a buscarle un modelo de zapatillas. “En esos instantes fue que las otras dos mujeres aprovecharon para robar”, explicó Magalí.
Esta maniobra la detectaron después, cuando revisaron las cámaras de video de ese comercio y observaron cómo una de las mecheras “agarró dos camperas (tipo parca) que estaban colgadas con sus perchas, las dobló y las guardó en una bolsa grande que tenía la otra mujer”, relató la empleada. Esta salió primero, apurada, seguida de cerca por su amiga.
“La chica (de tonada colombiana) después le dijo a la vendedora que el calzado que se había probado no lo sentía cómodo y se fue enseguida. Casi al mismo tiempo lo hizo el hombre”, tras argumentar que “las zapatillas no le habían gustado demasiado”, recordó Magalí. La empleada agregó que “recién cuando vimos la filmación comprobamos que estaban todos juntos, porque quisieron simular que eran clientes que ni se conocían”.
Consultada acerca de las edades de los falsos clientes, estimó que “las mujeres tendrían entre 20 y 30 años, mientras que el hombre demostraba tener entre 40 y 50”.
“Lo increíble es que, especialmente esas mujeres, tenían buena apariencia física y estaban vestidas como la mayoría de las clientas que entran acá. No era para sospechar que venían a robar”.
También Magalí mencionó que “este local abrió acá hace cinco meses y es la primera vez que nos pasa algo así”. Pero en otros comercios del rubro de la cuadra admitieron que “hay muchas mecheras”.
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